Eyila tonti Ogunda
Familia Eyila · signo del diloggún
Descripción
Es una persona franca, agresiva y reservada, que no debe alardear ni hablar de más porque sus impulsos, el licor y la porfía le traen conflictos, pérdidas y hasta cárcel.
Le conviene mantener la cabeza clara, respetar a los Orishas y a los muertos, hacer Ebbó a tiempo, no meterse en pleitos ni en armas, y conducirse con prudencia para recuperar y asegurar su bien.
En este signo nace
- El comercio marítimo.
Refranes
- La tierra no se asienta sobre la cabeza de un niño.
- En la inconformidad está el triunfo.
- El que persevera triunfa.
Historias y patakíes
Oshun cura a orunla
Orunla era cazador y mientras cazaba fue a la orilla del río y se hincó con un palo de púas.
Mientras se estaba curando llego Oshun y al verlo le trajo un poco de oñi y una hierba y lo curo.
Entonces orunla se enamoró de ella y se pusieron a vivir y se le presentó a su madre.
Al poco tiempo prosperó y vivió más desahogado porque solamente tenía que cazar para ella y así perdió muchos enemigos pero al final Oshun se le fue con otro.
La mona que salvó a orunla
Orunla era un cazador que tenía la virtud de que solamente Olofin comía lo que él cazaba.
Una vez todos los animales le cercaron en el monte para comérselo, preparando una trampa.
Ya en estas condiciones a orunla no le quedó más remedio que encaramarse en un palo o árbol que tenía una choza donde vivía una mona.
Desde allí vio todas las celadas que le tenían preparadas.
La mona regresó y se encontró con el cazador dentro de su casa.
Al ver a la mona el cazador le habló porque ya entendía el lenguaje de estos animales porque ya entendía el lenguaje de estos animales por el tiempo que llevaba en el monte.
Contóle a la mona lo que le sucedía y como el cazador estaba en buena armonía con todos los monos, porque como nadie comía monos él no los cazaba; la mona se prestó a ayudarlo con la condición de que después le permitiera a los monos relacionarse con la gente de pueblo; ya que ellos vivían alejados en el monte.
Cuando venían los monos, en el pueblo todo el mundo se asustaba, huían, pero los perseguían y amarraban.
El cazador aceptó la condición, entonces la mona se bajó y buscó la piel de un mono muerto y se la puso al cazador.
De esta manera con el cazador a cuestas fue saltando de árbol en árbol hasta que pudieron salir fuera del monte.
Y ya libre el cazador la mona lo siguió para que el cazador cumpliera su palabra y la llevara al pueblo, y por este se quedara allí, porque la mona se había enamorado de él y quería vivir con él y siempre el cazador estaba secruestado en el monte.
Olofin no aceptó nada que le traían los demás cazadores.
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