Obara tonti Osa
Familia Obara · signo del diloggún
Descripción
La persona de este signo es desconfiada, porfiada, dada a las ilusiones y a encerrarse en sí misma cuando aprieta el problema; puede perder el control, atraer chismes, rupturas y malos tratos, pero también sabe advertir, resistir y buscar salida.
Le conviene vivir con prudencia, no porfiar, respetar a sus muertos y Orishas, hacer Ebó y enderezar su conducta para apartar envidia, pleitos y atrasos.
En este signo nace
- Eggun merilaye.
Refranes
- Repugnancia con el dulce.
- Usted no está loco, pero se hace el loco.
- El descrédito cierra negocios.
- El barco que no se amarra, se va a la deriva.
- El ciclón deja una brecha a su paso.
- La mentira sale a flote.
Historias y patakíes
La hija de Obatalá
En este camino Obatalá tenía una hija de singular belleza, la cual tenía innumerables enamorados, tanto de su tribu como de tribus distantes, los cuales en las oportunidades que tenían iban a visitar, llegando el momento en que se agrupaban varios al mismo tiempo en casa de Obatalá, de tal manera que en ocasiones se producían tragedias entre ellos.
Su padre, viendo que esta situación no podía continuar se enfrascó en buscar una solución al problema de los enamorados de su hija, ocurriéndole que lo único que podía hacer era aparentar que su hija se había muerto.
Obatalá aferrado a su idea, le explicó a su hija lo que había pensado y para de esa forma decidir de todos aquellos pretendientes cuál sería su verdadero marido.
La hija de Obatala fiel a su padre, acepto sin vacilacion, lo que había decidido porque estaba conducida por la sabiduria, Obatala desde ese momento se dio a la tares de simular el mortorio de su hija con la ayuda de Elegba que se presto gustoso.
La falsa muerte de la hija de Obatalá corrió de boca en boca, cuando las personas llegaban y veían a la hija de Obatalá tendida, le daban el pésame a este, los distintos enamorados hacían lo mismo y al darle el pésame a Obatalá le decían que ellos le traían un regalo a la hija, pero en vista de que ella había muerto, ellos se lo volvían a llevar, solamente uno de los enamorados, el cual tenía flores, al ver lo sucedido a su enamorada le dio el pésame, se lamentó de lo ocurrido y le dijo a Obatalá: mire yo le traía flores a ella pero en vista de que ha fallecido, póngaselas sobre el pecho.
Obatalá, al ver el gesto de aquel hombre pensó que era el marido que su hija necesitaba y le dijo: no, no, mi hija no está muerta, ella vive y tú serás su marido.
To iban Eshu.
Obatalá le explicó la causa de esa simulación, siendo así, como aquel hombre por su modestia y buenos sentimientos, se convirtió en el marido de la hija de Obatalá.
Aggayu el rey
Shangó iba pregonando por todos los pueblos de la tierra pero nunca podía acercarse a una tierra que tronaba y temblaba y siempre estaba cubierta por los gases escandescentes.
El estaba deseoso de entrar a esa tierra para pregonar la religión de Osha.
Entonces fue a casa de su adivino, donde este le vio este signo y le marcó Ebbó, que debía llevarlo a la orilla de un río, Shangó lo hizo todo como se lo indicó y cuando fue se encontró con Elegba, que después de saludarse se pusieron a hablar y Elegba le dijo a Shangó que después del río había un valle muy fértil, donde había un pueblo en que las personas que vivían allí no tenían sentido fijo de lo que habían pues estaban distraídos, cualquiera que fuese el asunto a tratar y que el rey de aquel lugar le hablaba a los súbditos desde lejos para no dejarse ver.
Shangó se quedó intrigado y le preguntó a Elegba cómo es posible que un pueblo tenga rey, al que no conozcan ni ven.
Shangó decidió ir a ver a aquel rey y Elegba le dijo que el rey iba por las tardes a la orilla del río a refrescarse y que había una persona Oshún que lo esperaba y sabía donde vivía.
Al caer la tarde Shangó llegó al río y al poco rato de estar allí escuchó un ruido muy fuerte, como un estruendo y vio a una mujer corriendo por la margen opuesta del río, poco después vio llegar a un hombre muy grande, que se sumergió de inmediato para quitarse el humo que tenía encima y la mujer lo esperó a que el mismo saliera a la superficie del río y comenzó a echarle agua por la cabeza para refrescarlo.
Shangó que lo estaba mirando todo, comenzó a darle gritos para que lo vieran y cuando se fijaron en él le preguntaron que cosa desea y Shangó le respondió, pasar el río.
Aggayu que era aquel rey arrancó una palma y usándola como bastón cruzó a Shangó de una orilla a otra, después que lo cruzó se produjeron las presentaciones pertinentes, y le preguntaron de nuevo a Shangó que cosa él quería a lo que el respondrio que él deseaba conocer a su pueblo.
Shangó fue al pueblo y observó que sus habitantes se conducían sin control y vio como aggayu no se acercaba a ninguno de ellos.
Al indagar Shangó, el porqué de aquella actitud de las personas aggayu le dijo: ven a mi casa y lo sabrás y fue así como Shangó observó que aggayu vivía en el volcán.
Aggayu se sorprendió al ver a Shangó caminando sobre la lava sin quemarse y le pregunto que cómo él no se quemaba, Shangó le dijo: yo soy el único hijo de iyamese y ahora yo deseo arreglar a su pueblo pues he visto que alguno de sus hijos pueden hablarle directamente pero otros cuando se acercan a usted se trastornan.
Aggayu, Shangó y Oshún, hicieron un pacto, para que Shangó y Oshún tuvieran el mismo derecho para asentar la cabeza de los hijos de aggayu, siempre y cuando ellos no podían hablarle directamente.
Para sellar el pacto aggayu sirvio a Shango, Akuko, meyi, etu y Eyele y le pinto en la cabeza debajo de la corona de Shango una linea roja, una blanca y una roja donde Shango le sirvio a aggayu, etu, akuardo, oka, olele, ekru, aro y para que todo el mundo supiera el pacto, cuando el volcan hace erupcion, primero sale la candela que es Shango y después la lava que es aggayu.
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