Eyioko tonti Eyila
Familia Eyioko · signo del diloggún
Descripción
La persona de este signo es soberbia, impulsiva, desconfiada y propensa a enredos, chismes, contrariedades y pérdidas, pero también tiene fuerza, espiritualidad y el amparo de sus Orishas.
Le conviene andar con prudencia, respetar a los mayores y a los muertos, cumplir con sus atenciones y Ebó, no prestar lo suyo ni meterse en pleitos, y conducirse con paciencia y discreción.
En este signo nace
- 1. El pelo y la carne.
- 2. Que los pobres se hagan ricos y los ricos pobres.
- 3. Que los hombres tengan dientes en la boca, barba y bigotes, pelos en la.
- Nariz y en el ano.
- 4. Que se pase del día a la noche y de la noche al día.
- 5. La creación de la familia.
Refranes
- Quien no hace Ebbó al pie del santo, fracasará en todo.
- Transformación, cambio de estado o situación.
- La candela sólo vive de lo que consume.
- Si los de su casa no lo consideran, los vecinos mucho menos.
- No esté seguro donde usted vaya.
- Libre de culpa y pena.
Historias y patakíes
Los tres deseos del herrero
En este camino había un herrero que atravesaba una mala situación por lo que constantemente le rogaba a Olofin.
Éste escucho su ruego y envió a Elegguá para concederle tres virtudes al herrero.
Elegguá le dijo al herrero: "he venido por mandato de Olofin para concederte tres virtudes".
El herrero quedo inmóvil, y su primera petición fue que en la mata de cerezo que había en su patio toda persona que subiera a ella, no pudiera bajarse sin su consentimiento.
La segunda, que todo el que entrara en su casa sin su autorización no pudiera salir y la tercera, que todo el que se sentara en su mesa o silla que no pudiera salir ni levantarse de ella sin su consentimiento.
Elegguá se quedó perplejo, ya que todo eso le pareció sin lógica alguna, pero dijo: Ashe to iba Eshu.
Pasaron los días, y sucedió que el hijo del rey entro en la casa del herrero y como muchacho al fin, le llamaron la atención los cerezos y se subió en la mata.
Pasaron las horas y el rey notando la ausencia del hijo se puso intranquilo y mandó su séquito a la casa del herrero, pero como el séquito entró sin contar con el herrero, no pudo salir.
El rey, desesperado por el hijo y por su sequito que no regresaba, decidió ir personalmente a casa del herrero, donde entro sin su consentimiento, llamo al herrero y en lo que este se acercaba, se sentó en la silla, donde ambos se saludaron.
¿Qué tiene mi hijo que no puede bajarse de esa mata?, Pregunto el rey, el herrero como hombre modesto contesto: querido rey, todo aquel que suba sin mi consentimiento no podrá bajarse del cerezo y por tal falta yo quiero que usted me de algunas tierras fértiles.
El rey dijo, así será.
El rey pregunto: ¿qué cosa es la que le sucede a mi sequito que no puede salir de su casa?, Pues vera, dijo el herrero, toda persona que entre aquí sin mi autorización, no puede salir, y por tal motivo yo quiero una fortuna, no como la de usted, pero respetada.
El rey dijo así será.
El rey fue a levantarse para irse con su hijo y su sequito y no pudo levantarse, y dijo, ya usted está complacido con sus peticiones, que me ha hecho?
El herrero contesto, usted está sentado en esa silla sin mi consentimiento y para que pueda levantarse de ahí yo quiero su corona y su gobierno, y del cielo se oyó una voz que dijo: así será.
La suerte de moderiko
Moderiko el hijo del rey, era muy atrevido al extremo de ser odiado por todo el mundo.
El padre estaba muy triste al ver el descontento de sus súbditos y acordó en un consejo concederle la corona al que cazara un elefante.
Ese día modiriko se había mirado y no tenía los animales para la limpieza que le habían indicado.
Entró en un patio se llevó los animales e hizo el Ebbó.
Poco después vio un elefante y con las flechas que le quedaron del Ebbó le disparó, lo mató y lo dejó tirado.
Pero sucede que un caballero del reino encontró al elefante muerto, le sacó la flecha y se presentó en la corte con ella diciendo que él había matado al elefante y el lugar donde lo tenía.
Los miembros de la corte fueron y lo vieron.
Cuando empezaron los preparativos de las fiestas para coronarlo, Obatalá le contó a moderiko lo que pasaba y él enseguida se presentó reclamando sus derechos ante los consejeros del reino, los cuales lo tomaron como otra de sus majaderías, pero tanto insistió que los consejeros acordaron que moderiko debía escoger entre miles de flechas que le iban a presentar cuál era la suya.
La prueba le fue favorable a moderiko entonces le exigieron que llevara otra flecha igual y también lo hizo y fue proclamado rey por su suerte y por herencia.
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